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En 1999, Daniel Barenboim y el filósofo palestino Edward Said, fallecido en 2003, establecieron un taller para jóvenes músicos de Israel, Palestina y otros países árabes de Oriente Medio con el objetivo de difundir la convivencia y el diálogo intercultural. La orquesta recibió su nombre de una colec |
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El Gospel estadounidense hizo vibrar a la noche de Quito
El Comercio / 06/10/2008 |
Música: La agrupación Great Voices of Gospel dirigida por Gregory Hopkins arrancó largas ovaciones la noche del sábado en la Casa de la Música. Gustavo Lovato, director musical de la Casa de la Música, empezó media hora previa para explicar ciertas claves de la música que el público estaba apunto de escuchar, la noche del sábado pasado. Dos puntos axiales: el género del gospel (que significa evangelio en inglés) es nieto de una clase de canciones llamadas "negro spiritual" (canciones religiosas que los negros del sur estadounidense componían en tiempos de la esclavitud). Y las piezas que Duke Ellington creó para gospel, a mediados de los sesenta, y que se tocarían esa noche. El espectáculo Great Voices of Gospel venía con el precedente de ese objetivo "great" (grande, genial, en inglés) de su nombre. Luego de cerca de dos horas de espectáculo a nadie le cupo duda de que ese "great" les va muy justo. A las 20h15, los 17 miembros del conjunto salieron al escenario vestidos de correcto negro y con cara de circunstancias. A penas se instalaron frente a las butacas (casi copladas completamente) desplegaron unas sonrisas amplias y complacidas. La primera canción se iniciaba en el programa, era Nigerian chant, interpretada oir el solista Kenneth Gainey. La ejecución vocal fue limpia, tersa y cálida. Las partes del coro, conformado por cuatro sopranos, igual número de contraltos, tenores y bajo barítonos, desarrollaban un diálogo emotivo con el solista, entre exclamaciones de júbilo y lucimientos técnicos de sus poderosas voces. Con la segunda canción, The Lord is my shepherd, se marcó el espíritu dealéctico del concierto. Era un coral lento, de una espiritualidad reposada y fuerte, elaborando a través de una compleja estructura vocálica. De pronto, el lauredado director Gregory Hopkins, se incorporó del piano, desde donde guiaba a los músicos, para colocarse frente al micrófono. Su voz de tenor, seca y redonda, hacía juego con la alegría casi infantil del coro. Momentos después, con los Sacred cencert, de Duke Ellington, quedó patente la extraordinaria calidad musical de los cantantes. Alternativamente cada uno fue tomando lugar frente al micrófono. Las melodías ora energéticas y claras, ora recogidas y meditabundas, causaron profunda emoción en el público que ovacionó largamente, y de pie, al grupo estadounidense. |
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