Así describían a quien podría ser el más grande pianista de todos los tiempos, el húngaro Ferenc Liszt, gran intérprete del instrumento musical inventado por Bartolomeo Cristofori, para el cual se ha compuesto más música que para cualquier otro. Nuestro país, que a través de los años ha generado muy buenos intérpretes del teclado, tiene toda una nueva generación de virtuosos pianistas jóvenes, émulos de Liszt, esparcidos por todo lo ancho del planeta, también emigrantes de nuestra patria ante la falta de oportunidades y de presentaciones frecuentes en nuestro medio. Me voy a concentrar en cinco de ellos, quienes se presentaron en La Casa de la Música en el último año. Existen muchos más, por aquí y por allá, estudiando en algunos casos, trabajando en otros, esperando la oportunidad de que se les abran las puertas a la elusiva fama, la cual llega luego de mucha preparación y a veces también suerte, pues en esto se aplica eso de “estar en el sitio correcto en el momento oportuno”. Empiezo con Juan Andrés Barahona, quien ha desarrollado sus estudios y temprana carrera en España, donde su padre se desempeña como violinista en una prestigiosa orquesta. Aun no cumple los 20 años y ya se vislumbra como un buen ejecutor del teclado, tiene temple y carisma, así como mucha dedicación y entusiasmo y, de continuar así, le auguramos una interesante carrera en la que alternará sus presentaciones en España y Europa con ocasionales visitas a la patria. Debe corregir, eso sí, un pequeño defecto en el uso de los pedales que a veces causa molestias a los oyentes. Continúo con Boris Cepeda, el mayor del grupo, niño prodigio de orígenes humildes, quien se dio a conocer primeramente a través del concurso Guillermo Wright V. en Quito y luego continuó sus estudios en Alemania, donde conoció a la que ahora es su esposa, la también pianista Katia, con quien forman el dúo pianístico Max Reger. Boris combina sus actividades musicales con eventos de acercamiento entre los dos pueblos, ecuatoriano y alemán, pues se ha ocupado de funciones culturales en la embajada ecuatoriana ante dicho país. Confiamos que siga con éxito en las dos funciones. Siguiendo en orden alfabético, tenemos a Samir El Ghoul, el único guayaquileño entre ellos, de origen libanés, que es el más recatado de los cinco, pues su carácter es más bien introvertido. Reside actualmente en Francia, donde combina sus eventos artísticos con un proyecto cultural a favor de la paz entre los pueblos judío y árabe. De notable técnica, me gustaría oírle en el futuro interpretar alguno de los importantes conciertos para piano y orquesta, pues en su última participación en Quito interpretó exclusivamente música para piano solo de Mozart. Y llegamos a Jonathan Floril, quiteño de idéntica edad como Barahona, quien también tuvo sus inicios en la madre patria, aunque ahora se desempeña en Manhattan School of Music, en Nueva York, donde combina sus estudios con el acompañamiento a grandes figuras de otros instrumentos en sus prácticas. Esta última función le permitirá crecer notablemente en su roce internacional y sus conocimientos. Es el extrovertido del grupo, le brillan los ojos y es, quizás, si sigue con el mismo empeño, el que pudiera llegar más lejos; suerte, muchacho! Y concluimos con Washington García, otro que se inició en Quito en el concurso Wright y quien actualmente se desempeña, entre otras cosas, en la facultad de la Universidad del Estado de Texas. El Doctor García ha tenido una interesante carrera y se ha desempeñado en muy buena forma siendo, posiblemente, el que más suerte ha tenido hasta ahora. No sé si está a tiempo para corregir un defecto en su posicionamiento frente al piano mediante el cual, lejos de parecerse a Liszt, causa distracción entre el público. Esta es parte de la nueva generación de músicos ecuatorianos, algunos de los miles de “cerebros” que, lamentablemente, han emigrado del país, en muchos casos para no regresar. Por lo menos los pianistas vendrán de cuando en cuando a dar conciertos pero y los médicos? ¿Los técnicos de computación? Las enfermeras y los expertos agrícolas? Algún día volverán? Son preguntas cuya contestación no la tenemos pero que debe ser una preocupación de todos pues nuestra patria, que ya sufre la salida de capitales, ahora tiene ésta nueva fuga que enfrentar. Sidney Wright |