El famoso director de orquesta hindú Zubin Mehta solía decir que los miembros de una orquesta deben tener un espíritu infantil, que debe aparecer de nuevo el antiguo estudiante de música de 17 años maravillado, exuberante y con amor a la música. Es posible que algo de eso esté sucediendo con las dos principales orquestas quiteñas o que la sana competencia entre ellas esté rindiendo frutos, pero lo cierto es que estamos asistiendo a una buena temporada de música clásica. Hace pocas semanaslas dos orquestas, la Filarmónica de Patricio Aizaga y la Sinfónica de Emannuell Siffert coincidieron en deleitarnos con la Quinta Sinfónia de Beethoven a días seguidos y en distintos auditorios llenos, y ahora nuevamente hemos gozado de excelentes conciertos, la semana pasada en el Teatro Sucre y en La Casa de la Música.. La orquesta Filarmónica inició su programa el jueves en este últimos auditorio con una quinta sinfonía también, pero ahora del ruso Shostakovich, la cual fue compuesta en plena era del terror de Stalin y luego que el compositor habia perdido por ejecución algunos de sus allegados. La joven orquesta quiteña salió muy bien librada del compromiso, pues nos brindó una buena versión de la complicada obra, especialmente en los dos movimientos intermedios, donde aflojaron la picardía y sorpresiva cadencia del ruso, comprobando así que, a mi criterio, hoy es la mejor orquesta de la ciudad. En la segunda parte se presentó la buena violinista británica Pip Clarke, quien nos brindó el estreno latinoamericano de un concierto de Lee Actor especialmente compuesto para ella. Nos quedamos, eso si, con las hanas de escucharla en un concierto más tradicional, como los de Korngold o Barber, donde pueda confirmar sus dotes técnicas y liricas, la orquesta estuvo a la altura de las circunstancias en el acompañamiento de ésta ultramoderna obra. Al día siguiente, se presentó en la misma sala la Orquesta Sinfónica Nacional, Institución que hace un año pasó por gaves problemas que la tuvieron al borde de la acefalía.Pero ahora, bajo la batuta de Siffert, se ha reagrupado y está dando muestras de una franca recuperación. La obra central de su presentación fue el concierto para violoncello en do mayor de Haydn, el mismo que hace años interpretará en la Iglesia de San Francisco el recordado Rostropovich. En ésta ocasión, el solista invitado, Massimo Polidori con su virtuosismo por qué es primer cello de la Scala de Milán, teniendo en la OSN, en configuración de cámara, una apta acompañante. La orquesta en pleno interpretó también obras de Rachmaninov y Smetana. En resumen, buena música, salas llenas, público satifecho, grata competencia ¡que siga la temporada! Sidney Wright. |