Cuando Patricio Aizaga, Director de orquesta me visitó hace algunos meses para contarme que al fin habían decidido profesionalizar a su floreciente Orquesta Juvenil, una de sus inquietudes se centraba sobre el nominativo de la nueva agrupación y si me parecía bien un largo nombre que habían escogido. Le comenté que para qué inventar lo que ya estaba inventado, que utilice uno de los nombres que se acostumbran en otras partes, que como ya tenemos en el país la Sinfónica Nacional, me parecía que Filarmónica del Ecuador sonaba bien, y así fue que se escogió dicho nombre. Debemos remontarnos al 1995 para encontrar el origen de ésta orquesta, hoy convertida en una de las mejores de nuestro país. En ese año, Patricio tuvo contacto con el Maestro José Antonio Abreu, fundador del sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, institución que ha sacado de las calles a algunos miles de jóvenes de escasos recursos, convirtiéndolos en músicos y en mejores seres humanos, lejos de la violencia y las drogas. El venezolano le propuso a nuestro compatriota que replique lo que allá habían hecho y así nacieron las Orquestas Juveniles de Quito y Guayaquil. Poco a poco, con la ayuda del estado, del Ministerio de Educación y de entidades privadas, como la Sociedad Filarmónica de Quito, la joven orquesta empezó a darse a conocer, brindando conciertos a lo largo y ancho del Ecuador y eventualmente también en el exterior, destacándose uno en la sala de la Filarmónica de Berlín en el año 2003, donde interpretó una de las sinfonías de Brahms con notable éxito. Pero quizás el punto más alto de ésta etapa fue la interpretación de la 1ª Sinfonía de Mahler en La Casa de la Música, en el 2007, momento en el cual la orquesta sonó extraordinariamente bien, haciendo que sus directivos, con Patricio Aizaga a la cabeza, decidan el cambio de status y nombre para la institución. Hoy la orquesta se ha profesionalizado, muchos de sus integrantes son, a la vez, profesores de las divisiones inferiores de la Fundación Fosje, la misma que continúa en su tarea de formar nuevos valores juveniles. La orquesta tiene un nombre y un prestigio bien ganado y seguirá deleitándonos con sus interpretaciones de las grandes obras, pero lo más importante, lo destacable, es que se ha iniciado un proceso similar al de Venezuela, mediante el cual muchos jóvenes de origen humilde tendrán una oportunidad para convertirse en elementos valiosos de la sociedad. No sería nada raro que algún rato se genere un músico importante, como el venezolano Gustavo Dudamel, hoy convertido en el flamante Director de la Orquesta Sinfónica de Los Ángeles. Por todo esto, la Fundación y Orquesta antes mencionada merecen todo nuestro apoyo, asistiendo a sus eventos y colaborando para que salga adelante y pueda siempre representarnos musicalmente en los mejores auditorios del mundo.
Sidney Wright |