Es conocido el hecho de que Verdi originalmente quiso componer, entre varios músicos, una misa de recordación para el primer aniversario de la muerte de Rossini y que la idea fracasó. También ha sido bastante difundido que, en reemplazo, recicló la idea y lo convirtió en un homenaje al poeta Alessandro Manzoni, para quien Verdi tenía una especie de idolatría. Pero existen gran cantidad de hechos curiosos y anécdotas que giran alrededor de ésta grandiosa obra , que tendremos el privilegio de admirar en vivo próximamente en Quito. Empecemos por mencionar que Manzoni, con su obra cumbre llamada” I Promessi Sposi” (Los Novios) es para los italianos como Shakespeare para los ingleses o Goethe para los alemanes y que éste notable poeta fue un católico ferviente, mientras que Verdi nunca pudo definirse como un católico ortodoxo o un ateo confeso: oscilaba entre los dos. Sin embargo Verdi compuso ésta majestuosa obra en base a la liturgia católica, a diferencia del Requiem alemán, luterano, pero fue criticado negativamente por los teutones, con el célebre director de orquesta Hans Von Bülow a la cabeza, como que había compuesto “una ópera más, en ropaje de música sacra”. Fue el propio Alcalde de Milán el que sugirió a Giuseppe que realice éste homenaje a Manzoni, a lo cual no pudo negarse quien años antes había sido Senador de la República y por quien los italianos, en lo que se constituyó en un” graffiti” genial, habían pintarrajeado las paredes de Milán y Turín con “Viva Verdi”, con lo cual homenajeaban al genial compositor, al mismo tiempo que vitoreaban al exilado Vittorio Emanuele Re d’Italia. Hace pocas semanas el Réquiem de Verdi fue interpretado en Los Ángeles, California, dirigido nada menos que por el Director Artístico de la ópera de dicha ciudad, Plácido Domingo, como el mejor homenaje al recientemente fallecido Luciano Pavarotti. Y es que 40 años antes, en 1967, la carrera del gran tenor italiano había tenido un especial repunte al interpretar el papel del tenor en la célebre versión del Requiem de Von Karajan en la Scala de Milán. Pero hace poquísimos días, éste mismo escenario, La Scala, tuvo que privarse de escuchar la misma obra con uno de los directores de orquesta más renombrados hoy en día, el argentino-israelí Daniel Barenboim, por una huelga de los trabajadores de dicho escenario. Lo cual nos lleva al principio de ésta reseña, al fracaso de la primera idea de Verdi, el homenaje a Rossini. Una de las razones, posiblemente la principal, fue que los músicos de Bologna se negaron a interpretar la obra, no exactamente porque estaban en huelga, sino porque no había honorarios para ellos. En todo caso, Verdi y Manzoni, dos grandes figuras italianas, están representadas en ésta importante obra de la música sacra. Ambos fueron , a su manera, virtuosos y honorables y el legado que nos quedó es una obra que, rebatiendo a Von Bülow, me atrevo a decir: “Porqué la música sacra no puede ser también agradable y entretenida?” Sidney Wright
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