Lo peor que le pueden hacer a una persona, musicalmente hablando, es algo que se lo hicieron a uno de mis hermanos: invitarle a asistir a una ópera absolutamente larga y dramática de Wagner, sin conocimiento previo ni de la música, peor del complicado texto o sus antecedentes, sin subtítulos, todo esto mientras él creía que asistiría a un divertido y gracioso show de Broadway! Pueden imaginarse cuánto tiempo “aguantó” en el evento! La música clásica y la ópera es algo que, como casi todo en la vida, “crece” con uno, se aprende a apreciar poco a poco y se desarrolla en nuestros sentidos si perdemos éste miedo y nos rodeamos de un ambiente favorable en el que sea parte de nuestro diario convivir. En Europa, por ejemplo, desde antes de nacer, mientras el feto está formándose, las futuras madres tienen el hábito de que el esperado bebe ya se acostumbre a la música clásica y cuando el niño asiste por primera vez a clases, le rodean de todos los medios necesarios para su entendimiento y gusto. Y no es que pretendamos que la música clásica y la ópera sean el único y mejor medio para cultivar nuestro sentido musical; hay quienes lo hacen en magnífica forma con otros tipos de música, bien por ellos. Pero cuando se llega a conocer en forma más detallada éste medio, que ha cautivado a generación tras generación desde hace aproximadamente mil años, podemos entender porqué la llaman “clásica”. Hay quienes afirman que la música clásica es como la columna vertebral de la civilización, que sus diferentes expresiones, a través de períodos que van desde el renacimiento hasta lo actual, han dado esparcimiento y felicidad a millones de personas. Y es que los grandes compositores, desde Albéniz hasta Zemlisky, por razones que no llegamos a comprender plenamente, compusieron obras tan maravillosas que nos asombran por su sensibilidad y su visión diferente de lo que nos rodea. Al escuchar la Sinfonía Pastoral de Beethoven, o la Sinfonía Alpina de Strauss, en silencio y con atención, podemos percibir los sonidos de la naturaleza que nos rodea en una forma que casi es indescriptible. Al atender una buena ópera, con música estupenda, un drama escrito por grandes dramaturgos, todo de memoria y sin amplificación, nos llenamos de una sensación de absoluta complacencia. Será que en nuestras vidas, llenas de estrés y rutina, podemos prescindir de éstas formas maravillosas de cultivar el espíritu? Ya hace muchos siglos Confucio dijo: “La música origina una especie de placer del cual la naturaleza humana no puede prescindir”. Yo añado: La música clásica es el refinamiento de la expresión humana, dando paso a los secretos del alma. Para quienes se inician en el mundo de la música clásica, en el cual existen miles de obras para escoger, sugiero empezar con composiciones como los conciertos de Vivaldi, existen algunos cientos de ellos y son de carácter ligero y agradable. La mayoría de obras para piano de Chopin, mazurcas, valses y polonesas, también pueden agradar al principiante, así como algunos de los tríos y conciertos para violín y cello de Haydn. El genial Handel, de origen alemán pero radicado en Inglaterra, contribuiría a ésta lista con sus Concerti Grossi. Por supuesto que Mozart, con la mayoría de sus obras, puede ser considerado entre lo que agrada casi universalmente. Quienes ya han tenido oportunidad de escuchar las grandes obras mencionadas antes, podrían seguir con los tres grandes alemanes cuyo apellido empieza con “B”: Bach, Beethoven y Brahms, quienes constituyen la columna vertebral de la música alemana de las 3 eras: barroca, clásica y romántica. Las obras compuestas por Schubert y Mendelssohn también son profundas y líricas, características que las hacen fáciles de escuchar, al mismo tiempo que dejan una sensación de gran motivación. Ya en una tercera etapa, podríamos apreciar las obras de algunos de los grandes compositores modernos, entre los que están Mahler, con sus sinfonías, Glass con algunas obras, el francés Poulenc y el ruso Shostakovich, sin descuidar al genial argentino Piazzolla, cuya música mezcla de tango, jazz y clásico tiene hoy gran aceptación. Punto aparte merece el controvertido alemán Richard Wagner, cuyas obras, en su mayoría óperas, podrían ser consideradas como el punto final en éste recorrido musical y las cuales conjugan drama, música profunda, misticismo y mitología, para una combinación de artes que, cuando se llega a apreciar, no tiene igual en el mundo entero. Aburrido? De ninguna manera. Que no es para todos? Quien sabe. Que se necesita educación especial? Tampoco es cierto. Consideremos que la música es el idioma universal y la clásica, su máxima expresión. |