Del Ecuador para el mundo Desde su primera impresión la Casa de la Música se presenta imponente, monumental. Protegida por frondosos árboles y verdes áreas se erige radiante, inmenso cascarón de concreto protegiendo a la preciada joya que guarda en sus entrañas. Al ingresar sus elegantes detalles, amplios espacios y largos pasillos son el camino que nos dirige hasta el centro mismo de su estructura, a su corazón. Grandes puertas abiertas nos dan la bienvenida y al cruzarlas se revela, bella, la magnifica Sala de Conciertos. Obra maestra de la arquitectura moderna la cual brilla con el dorado de su escenario y el intenso rojo de sus butacas, contraste perfecto para la vista, toda una obra de arte. Su techo alto y ondulado recibe ansioso las vibraciones de los sonidos las cuales navegan por el amplio espacio, se juntan y mágicamente se transforman en música. Su acústica impecable hace de este lugar no solo una casa para la música sino su hogar. Sublime experiencia. Llega el momento de los incesantes aplausos, epílogo de un concierto mas. ¿Paris? ¿Nueva York? ¿Buenos Aires? Se equivocan. Este maravilloso lugar se encuentra apenas a minutos de distancia. Quito, Patrimonio Cultural de la Humanidad es su cede para deleite de todos quienes tenemos la suerte de vivir en este hermoso país. La Casa de la Música es simplemente otra demostración de que no todo lo bueno esta afuera. Ha llegado el momento de borrar ese histórico complejo nuestro y saber que no tenemos porque envidiarle nada a nadie. Nuestro país guarda pacientemente, como esta, muchas otras maravillas las cuales pasamos por alto. Es nuestra responsabilidad descubrirlas y nuestro derecho disfrutarlas. Lugares así simplemente hay que conocer. Hector San Martin |